Los 7 Pecados Capitales: cuáles son y qué significan

Los pecados capitales son unas de las enseñanzas primarias del cristianismo, que también resultan imprescindibles en dicha fe. Y se trata de las siete inclinaciones que puede tener el ser humano que lo puede llevar a caer en otras desgracias.

De esta forma, el término “Pecado capital” tiene que ver más a que dichos pecados conllevan al hombre a cometer otros, y no a que son las principales actitudes reprochables por Dios.

Los 7 pecados capitales, y sus vicios que podemos evitar

Así pues, desde hace siglos atrás se han considerado una serie de listas específicas de estos pecados, inspiradas principalmente en los pasajes bíblicos analizados por teólogos a lo largo del tiempo.

Pero siempre prevalecen los siete que hoy conoceremos.

1. Orgullo

Es el pecado original y según muchos autores como el más serio. Ya que se dice que fue la falta cometida por Lucifer al querer ser igual que Dios y que por eso fue expulsado de los cielos. También se conoce como soberbia, significa un estima y amor desmedido por sí mismo.

Además de el deseo incontrolable de mostrarse constantemente como superior hacia los demás, de forma física o intelectual. Este pecado resulta de una sobrevaloración del yo personal y por ello también se le conoce como vanagloria. Por lo que hay una ausencia del reconocimiento a los demás.

En los pasajes bíblicos podemos encontrar referencias a que a Dios no le agrada el orgullo, puesto que es considerado como la semilla de la destrucción. En otras instancias, la virtud que se opone a este pecado es la humildad, como característica que implica la ausencia de la soberbia.

2. Gula

Se le conoce como glotonería o como un apetito descontrolado por la comida y por la bebida, de manera superficial. Pero un análisis más interesante podría ser el hecho de consumir cosas en exceso. En resumen, vivir en base del consumismo empedernido y de manera irracional.

La gula como pecado también implica vivir con ciertas conductas autodestructivas. Puesto que bien se sabe las consecuencias que la comida y la bebida en cantidades inhumanas puede traer en la salud y en las relaciones. Sin embargo, el pecador obvia esas consecuencias, sabiendo que todo exceso puede ser perjudicial.

En ese orden de idea, hoy en día el abuso de sustancias podría también considerarse como glotonería. Ya que afecta la salud, las finanzas y las relaciones personales, como la comida y la bebida en exceso. Su contraparte virtuosa es la templanza como el equilibrio de los placeres.

3. Lujuria

Otro pecado de los excesos, cuyo nombre proviene de la palabra del latín que significa exuberancia y abundancia al mismo tiempo. Y en la antigüedad se le atribuía a los pensamientos excesivos y deseos excesivos de naturaleza sexual.

De tal manera que en la Biblia se pueden encontrar algunos pasajes que indican que es una forma de irrespetar a Dios mediante la deshonra del cuerpo propio. Tomando en cuenta que el hombre no es dueño de su propio cuerpo, sino que es templo de Dios.

Sin embargo, la interpretación cambia con los años y con los autores. Por lo tanto, la adicción a las relaciones sexuales, la compulsión incontrolable a tenerlas, el adulterio y la violación son considerados como producto de este pecado.

No obstante, también se han considerado interpretaciones de la lujuria como el amor excesivo hacia otra persona, poniendo a Dios en un segundo lugar. O la obsesión y pensamientos posesivos sobre otra persona. Su contraparte es la castidad.

4. Avaricia

Igual que la gula y la lujuria, es un pecado relacionado con los excesos. Con la diferencia que en la avaricia están implicadas la adquisición y la aspiración excesiva de riquezas. Por lo que se considera un pecado contra Dios y contra los hombres.

Su significado puede extraerse de que el pecador se condena por la preferencia a las cosas temporales y banales antes que las eternas. A su vez, también resulta el pecado del cual surgen otras faltas importantes, como la traición, el soborno, acumulación de objetos, robos y violencia por adquirir bienes.

En un orden Bíblico, se sostiene que Dios provee a todo ser humano de lo que necesite. Por lo que la avaricia proviene de la insatisfacción y el menosprecio de lo que se tiene. La virtud contraria es la generosidad o la gratitud, dependiendo de la perspectiva de cada persona.

5. Ira

Se relaciona con el sentimiento desmedido de enfado, odio y agresividad, que puede causar daños irreversibles en otro. También es el origen de otras faltas como el homicidio, la intolerancia, actos xenófobos y otras transgresiones.

Algunos autores describen a este pecado como el resultado de la impotencia ante una falta del sistema judicial. Puesto que un simple enojo puede anteponerse a situaciones de injusticias y abusos de poder. Pero la ira sin control impulsa a la persona a tomar la justicia por las propias manos de manera visceral y desmedida.

Siendo definida también como el amor por la justicia que ha sido pervertido por la venganza y el resentimiento. Igualmente tiene una contraparte virtuosa es la paciencia, como regulador de las emociones viscerales, haciendo referencia al versículo que invita a que el enojo no perdure hasta la puesta del sol.

6. Pereza

Un pecado cuyo significado puede tener cientos de significados. Para algunos se refiere al exceso de ocio. Pero en términos más problemáticos, significa la incapacidad por hacerse cargo de la existencia propia, también infiriendo el apartamiento físico y emocional de los demás.

Lo cual también implicaría una desligación del creyente con sus obligaciones espirituales, puesto que Dios le ha dado habilidades para que tenga un lugar en el mundo. Por lo que el alma se llenaría de desgano, aversión y disgusto. Siendo estos los resultados de este pecado capital.

Por otro lado, también se ha relacionado a la tristeza crónica como una forma de pereza, ya que tiene que ver con la falta de voluntad para cumplir cualquier tipo de deber y con el aislamiento de la sociedad. Así que es pertinente que la diligencia sea su virtud en contraparte.

7. Envidia

Este pecado capital ha sido definido como el amor por los bienes que se poseen pervertido por el deseo de privar a los demás de los suyos. En pocas palabras, querer lo que los demás tienen de manera obsesiva y siempre insaciablemente.

También puede relacionarse con la avaricia, pero en este caso se cometen acciones en base al deseo de lo que la otra persona tiene y que se percibe que hace falta. Lo que conlleva desearle mal al prójimo y sentirse a gusto con el mal ajeno.

De tal manera, que la contraparte virtuosa de este pecados sería la caridad, o el dar a otras personas sin esperar ningún beneficio a cambio.

Todos estos pecados apartan a la humanidad de Dios e impiden que su buena voluntad se cumplan hacia las personas. No obstante, la naturaleza pecaminosa del ser humano suele resaltar en ciertos caso, pero las enseñanzas de la fe son herramientas suficientes para vencer a cada uno de ellos.

La oración y la reflexión son las armas principales para establecer una victoria sobre los pecados propios. Además de que muestran el camino que Dios ha marcado para que todos sus hijos lo sigan. Incluso en tiempos actuales, la oración puede ser poderosa ante los más viles pecados.

Alberto Domínguez

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