Salmo 103: explicación del pasaje bíblico

El Salmo 103 es uno realizado por el rey David, y se tienen ciertas pistas que indican que lo escribió en sus últimos años de vida. Los cuales no fueron muy gratos, ya que se cree que pasó por una situación difícil, como una grave enfermedad.

Sin embargo, en ningún momento parece que su fe haya disminuido. Y siempre se mantuvo firme a la hora de recordar todas las bondades y misericordia que había tenido Dios en sus años anteriores. Así que no había lugar para la queja para el.

Salmo 103: interpretaciones, explicación y detalles

Por lo tanto, este pasaje bíblico es un ejemplo para muchos. Ya que demuestra que no hay utilidad en enfocarse en el sufrimiento. Y que se puede aprovechar cada día para recordar las bondades de Dios y demostrarle nuestra gratitud. Así tal y como lo hizo David.

Para comenzar a analizar este Salmo, es necesario darse cuenta de los primeros versículos que son bastante poderoso. Puesto que es una llamada al alma propia para alabar a Dios. Lo cual es bastante pertinente, la tendencia es alabar a Dios verbalmente, pero no se enfocan los pensamientos ni los sentimientos a ese fin.

Entonces David hace recordar que la alabanza y las bendiciones verdaderas deben surgir desde lo más profundo del ser. Para despertar el espíritu, encontrar una mejor conexión con Dios y reconocer su santidad.

Además tiene muy bien en cuenta sobre todos los beneficios que Dios provee. Y se indica al alma propia para que no se olvide de esas bendiciones que trae el Señor a nuestras vidas. Así, con estas dos potentes frases se da comienzo al Salmo.

Ahora bien, el salmista prosigue enumerando una serie de razones por las cuales se deben alabar a Dios. Lo cual resulta bastante interesante, porque aunque esto ya se haya mencionado explícitamente en los primeros versículos.

Al mencionar inicialmente las bendiciones y beneficios que brinda Dios, se está intentando recordar al lector sobre esas cosas que nos ha dado el Señor. Y por las cuales debemos presentar gratitud y adoración, tal y como se expresara en los siguientes versículos.

Entonces, comienza la enumeración de los reconocimientos hacia Dios en el tercer versículo. Cuando se menciona que es Él quien perdona todos los declives que tiene el ser humano en su vida.

Además de ser quien sana todos los malestares que una persona puede padecer, físicos o espirituales. Continúa entonces el cuarto versículo, mencionando que es Dios quién nos ampara de los momentos más oscuros de nuestras vidas. Y que también nos brinda misericordia y bendiciones.

El quinto versículo prosigue afirmando que es Dios el que satisface las necesidades de sus hijos. Además de que les brinda justicia a aquellos que las necesita, tal y como lo hizo con Moisés y las personas en Israel, como se señala en los versículos siguientes.

Procede entonces David expresando que la llamada ira de Dios no es rápida de conseguir, por lo que los errores superfluos que cometen sus hijos no son suficientes para indignarse. En cambio, afirma que el Señor es más misericordioso que iracundo.

Siguiendo los versículos que continúan esta idea. De que Dios no ha pagado a sus hijos en relación a sus pecados, ni les ha castigado por desviar en algún momento su fe. Sino que ve desde lo más alto de los cielo aquellos que le temen y los observa con gran misericordia.

Igualmente, el Salmo afirma una serie de situaciones que prueban de que la piedad de Dios es mucho más grande que su enojo. Mencionando que en momentos de la historia, apaciguó rebeliones y mostró compasión frente a aquellos que temían a su voluntad.

Y eso lo explica mediante al conocimiento de él Señor qué plenamente está consciente de que la condición humana está destinada a cometer errores. Por lo que brindar nuevas oportunidades a quien admite estar perdido es un acto de misericordia de Dios.

Así que Dios es compasivo y está lleno de amor. Contrario a los humanos, no se deja llevar por la ira y no actúa por rencor. Su ira siempre llega a los humanos lentamente. Por lo que siempre pretende impartir la justicia, y brindar una oportunidad para que sea reconocido su amor.

Y tan pronto aquellos que desataron su enojo reciben a Dios, este los perdona de manera incondicional. Así que el Señor sabe que los pecados de los hombres no los definen, sino sus actos de obediencia y cercanos su sagrado camino.

Se destacan entonces los versículos 17 y 18. Que muestran que la realidad es que nuestros cuerpos son mortales, y que la fuerza y la salud que nos levanta y que nos provee Dios, algún día se acabará. Por eso se compara al ser humano como la flor de campo. Porque con la más mínima brisa puede desaparecer.

Es una buena analogía que se contrapone a lo que es Dios, a diferencia de nosotros. Puesto que su amor si que es infinito, jamás se acabará. Nos acompañará en todo momento, tanto en nuestra vida terrenal y mortal, como en la plenitud de la eternidad en los cielos de el Señor.

Por lo tanto, esta es una invitación que hace David al lector para que ponga su mirada hacia la eternidad. Lo que significa en obrar bien y alabar a Dios en todo momento, para seguir gozando de su misericordia hasta en el prometido paraíso que nos espera después de la muerte.

No solo invita a cuidar de la salud propia, realizar buenas acciones y disfrutar de las cosas que almacena el mundo mortal. Sino también a tener una relación cercana con Dios, y vivir bajo el reglamento que este impone para que todos sus hijos puedan alcanzarlo en la última morada.

Para lo que David concluye el Salmo con un firme y explícito versículo que indica que todas las creaciones deben alabar a Dios. Desde las criaturas celestiales, por supuesto, toda la humanidad y todo lo que Él le haya dado vida en esta Tierra.

En conclusión, este último mensaje del rey es bastante claro. Indica una de los requerimientos irrefutables de la fe cristiana. Que es el hecho de alabar a Dios, puesto que está lleno de amor, compasión, misericordia y justicia. Es quien nos provee de lo que necesitamos y en quien nos refugiamos cuando hay situaciones difíciles.

Así que parece hasta obvio el mostrarse agradecido mediante una alabanza y pedir su bendición. Puesto que se reconoce la naturaleza finita de los seres humanos. Y que Dios promete un destino mejor luego de acabada la simple vida terrenal en este mundo físico.

Por lo que la invitación es clara, alabar a Dios para conseguir su perdón y misericordia por todos los pecados cometidos en la tierra. Que no serán reprochados, puesto que se afirma que el enojo de Él no es grave. Sino que más bien conlleva a una prueba para que cada uno de nosotros demuestre su fe y su redención ante Dios.

De esta manera, el Señor puede prometer una vida más digna para todos sus hijos en otro plano. En dónde gozará de la inmortalidad de su alma y de todo el amor que Dios pueda darle. Por lo que no hay que pasar ni un solo día sin recordar y alabar al Señor.

Alberto Domínguez

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